GATOS COLONOS II: Donde fueres haz lo que vieres… o no

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El frío de Gredos Norte es tan intenso que el carácter de sus habitantes parece haberse contagiado de él. A pesar de esa frialdad y hermetismo, a menudo solo aparente, muchos, sin tener arraigo aquí,  han elegido alguno de sus pueblos para quedarse a vivir, sumándose así a los 4 gatos que hay en Gredos.

Son, los “colonos”, esos que la Real Academia de la Lengua (RAE) define como un conjunto de personas que, procedentes de un territorio, se establecen en otro. 

Enfrentándose a no pocas reticencias iniciales, y a base de empeño y trabajo, algunos han acabado por echar raíces tan hondas que  no tienen intención de marcharse.

Sin embargo, la mayoría, a pesar de su deseo de quedarse, ve el futuro de estos pueblos gris oscuro tirando a negro. Negro a menos que se produzcan cambios de esos que los políticos no se cansan de prometer para la España Vaciada.

Y precisamente del futuro, de cómo ven a los locales y de lo que echan de menos hablan en este artículo 30 gatos colonos afincados en Gredos Norte. Si quieres saber lo que piensan sigue leyendo. Esta es la segunda parte del artículo: Gatos Colonos: Vini, vidi … Y me quedé en Gredos.

 

Sombra gatesca.

 

El dictador Francisco Franco preguntó en una ocasión, en los años 60, por el carácter de los lugareños de Gredos. Julio Chamorro, Guía Oficial de esta sierra durante más de medio siglo, los definió como “gente fría de aspecto y de corazón caliente”.

Salvando las distancias temporales, y las otras, lo cierto es que aunque los estereotipos, como las comparaciones, son odiosos, algo del carácter típico castellano hay. La mayoría de los gatos colonos definen a los autóctonos de Gredos como rudos, nobles, sobrios, con poco tiempo para el ocio; serios; cerrados, distantes, reacios, herméticos y desconfiados al principio; apegados a sus costumbres; con dificultad para trabajar en común, pero con gran corazón, acogedores, hospitalarios y amables con el foráneo…

 

Rudos, sobrios, distantes, cerrados al principio.apegados a sus costumbres, pero con gran corazón y amables con el foráneo, así nos ven. En la imagen Manchitas e Impasible, dos gatos autóctonos.

 

Siempre estaré un forastera pero mis vecinos sí me aceptan y unos son amigos.  La gente autóctona de Gredos, en general, se identifica con su familia y a veces mira a los que no tienen raíces en el pueblo como que no son parte del pueblo, esto es normal en todo el mundo salvo lugares como New York donde casi todos son de afuera, explica Martha P., bibliotecaria jubilada, natural de Kansas, Estados Unidos, que asegura que esto también tiene sus ventajas:

“Como no se nos ve como parte del pueblo no te tienes que mezclar en problemas de unos y otros y estás amigo de todos”, explica Martha, que vive desde 2002 en Hoyos del Collado y que a pesar de sus 77 años ha puesto en marcha un interesante proyecto de recuperación de la lana de oveja Merina.

Los gatos colonos suelen adoptar una postura neutral frente a las viejas rencillas entre vecinos.

 

A esta posición neutral del gato colono alude también el gibraltareño Guy Tamborero: “No me siento integrado desde el punto de vista de haber sido bien recibido, pero tampoco lo esperaba. Es gente muy apegada a sus costumbres. Hay disputas que vienen de antiguo y no quieres ponerte en medio. Yo tampoco he hecho por sentirme más involucrado, más bien he tomado una actitud neutral”, asegura Guy, de 52 años,  dueño de una  agencia inmobiliaria, ww.celeminrealestate.com, en Navarredonda de Gredos, donde vive desde hace 26 años.

 

Algunos colonos nos ven como gente tranquila y cariñosa.

 

Lejos del equilibrio intermedio que suponen los estereotipos hay algunos extremos en las definiciones de los lugareños de Gredos. Unos dicen que “son gente tranquila como un copo de nieve suave que cae en la nieve blanda… o que son los mejores, incomparables, un poco gruñones pero muy cariñosos.

Para otros, por el contrario: “son gente vacía y aburrida con ganas de hablar de más” ó, apuntalan “creen que porque vienes de Madrid ya eres tonto y hay que demostrarles lo contrario y que “hay que tener cuidado donde se pisa, todos son familia, es aún una España rural de rivalismo, de codicia, de envidia, de soberbia, siguen siendo muy bárbaros.

 

4 gatos de Hoyos del Collado: Esther, Bodoque, Blue y Sirico.

 

Guillermo Alonso, madrileño de 54 años que, desde hace 25,  vive en Hoyos del Espino y regenta el restaurante La Galana, entre otros negocios,  asegura que no fue fácil integrarse: “Al principio a la gente de la zona no le caíamos demasiado bien. Supongo que pensaban que éramos los típicos pijos de Madrid con dinero que querían “ruralizarse”. Y nada más lejos de la realidad, nos costó bastante integrarnos».

 

Guillermo Alonso asegura que les costó integrarse en Gredos.

 

Algunos problemas de «integración» están teniendo también Maria José CC., consultora madrileña de 49 años y Miguel, su pareja, que llevan más de un año litiganto con el alcalde de Hoyos del Collado por las molestias que les ocasionan el sonido de las campanas.

¿Es así como se integra a la gente de fuera?, se pregunta María José – Nos encontramos en una situación psicológicamente muy dura en la que no podemos aguantar ese ruido y el rigor horario que te marcan unas campanas que antes no había-.

 

Jazz Gómez Jiménez. Los prejuicios, el miedo y la desconfianza hacia lo desconocido son más fáciles de observar en un pueblo pero los hay en todos los lados.

 

-Estamos sufriendo la falta de colaboración y de integración por parte del pueblo, un pueblo y una zona en la que compramos, gastamos dinero, traemos amigos continuamente, conocemos sus costumbres… y en el que hemos hecho buenos amigos pues hay gente noble y maravillosa. Lamentablemente no nos ha quedado más camino que demandar-. Demandas que, según el alcalde del municipio, Elio Hernández, han sido desestimadas en todas las instancias.

En Hoyos del Collado, también vive desde hace 5 años Esther Martínez, jubilada de 67 años, gata pura de Madrid, de Chamberí: –Cuando se va uno a un pueblo tienes que cambiar el chip no puedes ir con la mentalidad de la ciudad, tenemos que adaptarnos.  Pero también es verdad que “los de aquí” pueden hacer lo que quieran pero miran con lupa todo lo que hacemos los de fuera . Y muchas veces los de la ciudad estamos más mentalizados de la necesidad de cuidar la naturaleza, de ahorrar agua, de reciclar, etc. que los del campo. Si no hay educación cívica y no se cuida la naturaleza mal vamos”, asegura Esther que lamenta la falta de un transporte público digno en la zona.

 

Esther cree que hay que cambiar el chip si vives en un pueblo, algo que la encanta.

 

«Si no tienes coche es muy difícil moverse de un pueblo a otro, y para ir a la ciudad solo hay un autobús de línea que pasa muy temprano  y tarda mucho. A la gente mayor del pueblo les cuesta dinero y mucho esfuerzo moverse si tienen que ir al médico a Ávila,  o a Madrid, por ejemplo «, explica Esther, que augura que si no se hacen buenas políticas se van a quedar vacíos estos pueblos- por lo menos Hoyos del Collado, donde los únicos niños son mis nietos-.

 Sus nietos son los hijos de Carla Díaz, madrileña de 39 años y de Essadek, de 30 años, de Marruecos, ambos auxiliares de enfermería, que llevan 10 años viviendo en Hoyos del Collado.

 

Esta es Shira, una de las gatas de Carla Díaz.

“Me gusta la tranquilidad que hay, los niños se crían con más libertad y de forma más natural pero cada vez nos quitan más servicios” explica Carla, que pronostica que la generación de sus hijos no podrá seguir viviendo en Gredos si no se fomenta el empleo.  –Todo es más barato sí, pero sin trabajo no hay nada. Hace falta un transporte público mejor, hospitales más cercanos,  institutos, y más ocio para los que vivimos aquí, no solo para los turistas, como por ejemplo la escuela de música que me ha encantado y me parece una buena iniciativa para la zona”, asegura Carla.

 

 

A Carla le gusta que sus hijos se crien en un pueblo pero lamenta que cada vez los servicios son menos para los locales.

La escuela a la que alude Carla es la Asociación Músico Cultural Enclave Gredos Norte, que puso en marcha, en octubre de 2016, otra gata colona, Micaela Rubio, y que hoy tiene una media de 318 alumnos de 16 pueblos de la comarca.

Para Micaela, de 50 años, profesora de Viola y directora de orquesta, tampoco fueron fáciles los primeros tiempos “por los impedimentos legales que conllevaba el proyecto, la distancia y soledad inicial a nivel personal. Sin embargo, siempre encontré apoyo en la gente y me siento integrada, asegura Micaela, natural de Elda, a quien le costó entender el carácter serio y distante de los lugareños al principio, y a veces echa de menos los tardeos de Alicante y el carácter de su zona.

 

Micaela Rubio tocando en Gredos. Fotografía de Edu Hinojal.

Y carácter es lo que le sobra a Luis Ríos, conocido como Lucho, un chileno natural de Constitución, en la región del Maule, que lleva 5 años viviendo en Barajas, en donde alterna la doma natural de caballos con otros quehaceres para poder vivir. Lucho prefiere callar por no ofender y enemistarse y rehusa  decir medias verdades.

 

A veces cuesta entender las diferencias y hay rechazo pero al fin todos somos gatos y tenemos que entendernos.

 

Y precisamente la dificultad para vivir de un solo trabajo en Gredos a la que alude Lucho es otro de los aspectos que señalan varios gatos colonos, como Carlos Díaz, de 59 años, restaurador de muebles y antigüedades, que lleva 20 años viviendo en San Martín de La Vega del Alberche.

“En estos pueblos no puedes vivir de una sola cosa, tienes que hacerte un presupuesto anual e irlo distribuyendo al mes, alternar  un jornal del alambre, una temporada en la fresa, unos meses de camarero o en la construcción, de mantenimiento,…ese tipo de cosas, así vas sobreviviendo…”, explica este malagueño de El Rincón de la Victoria que  hace 12 años intentó  junto a su pareja, Mari Mar, emprender varios negocios.

 

Carlos intentó emprender varios negocios pero se encontró con mil trabas burocráticas.

 

 “Hicimos tres intentos: mermeladas caseras, criar pollos de campo, hacer comidas por encargo para las casas rurales…la Administración lo único que hizo fue ponernos trabas: ya están los de los pueblos inventándose cosas, llegó a decirme una funcionaria, que me pedía para las mermeladas caseras los mismos requisitos que a la marca Hero”, lamenta Carlos,  que ha hecho propia la máxima “Donde fueres haz lo que vieres”.

 

Pedro y Reyes cambiaron Madrid por Barajas hace ya 11 años y no lamentan su decisión.

 

También alternó varios trabajos al principio Pedro García Cruz, madrileño de 51 años, que vive en Barajas desde hace 11 años, y trabaja en el Ayuntamiento de Navarredonda como operario de servicios múltiples.

Los dos primeros años Reyes y yo trabajamos limpiando y haciendo el mantenimiento de varias casas rurales”, explica Pedro que vino por primera vez a Gredos en 1999. Les gustó tanto la zona que cuando en 2008 una multinacional compró su empresa y le invitaron a marcharse decidió dar el paso definitivo, comprar una casa y venirse a vivir a Gredos.

 

A Kopi, el gato de Pedro y Reyes, también le gusta vivir en un pueblo.

Y es que la búsqueda de trabajo es lo que ha traído hasta Gredos Norte a  muchos de los gatos colonos. La falta de trabajo  y otras carencias…

 

GATOS DE OTRO MUNDO

El frío de Gredos es mucho pero nada comparado con el frío de la guerra, de un campamento de refugiados, o de la necesidad. En los últimos años han llegado a estos pueblos jóvenes y familias procedentes de Siria, Irak e incluso Palestina y nombres como Salam, Moja, Mouaz, o Husseim se han hecho familiares para nosotros.

Pero otros llegaron mucho antes. Boubaka, Magalú y Fassara acabaron en Hoyos del Espino huyendo de la guerra de Mali hace 20 años. Y se han hecho un hueco en el corazón de los Chamorro, Tejado, y Veneros, apellidos más comunes en este pueblo serrano.

Boubaka Diarra, sufrió un derrame cerebral el pasado verano y los vecinos se han volcado esta Navidad en la recaudación de fondos para trasladar a una residencia más cercana a “Buby”, como le conocen los amigos, y ayudarle a que pueda volver a su tierra con los suyos, su mayor deseo.

 

Boubaka Diarra, Buby, y Fassara viven en Hoyos del Espino desde hace 20 años. Fotografía:Diario de Ávila.

Más reciente ha sido la llegada a este pueblo de otros refugiados de guerra. “Vinimos con un programa de Cruz Roja, a Ávila. Después supimos que aquí había trabajo y gracias a la ayuda de Maribel, Raquel y María José, sobre todo, pudimos instalarnos aquí”, explica Hassan, sirio de 38 años, que trabaja en la panadería de Hoyos del Espino, donde vive con su familia desde hace poco más de un año.

Roque Jiménez (DEP), gato persa. Las diferencias de los gatos colonos aportan nuevas miradas, lo cual siempre enriquece.

 

“Aquí hemos sido bien acogidos, en el trabajo han sido muy buenos y nuestros cuatro niños se han adaptado bien y han hecho pronto amigos”, asegura Manal,  siria de 32 años, quien lo que peor lleva del pueblo es que hay muchos perros sueltos y los tiene miedo, “algunos vecinos ya lo saben y los sujetan cuando llego”, explica con una sonrisa eterna en su aún limitado castellano.

Especial facilidad para aprender la lengua es lo que tuvieron muchos de los rumanos que llegaron hace años a Gredos.  La mayoría regresaron pero algunos se quedaron, como Daniela, Oana, Geta, Dana, Yanik o Florín, entre otros, y han hecho aquí su vida.

 

Florín Hordila vino a Gredos desde Rumanía en busca de trabajo y se quedó a vivir.

 

“He vivido en otros países, Turkia, Yugoslavia, Francia, Italia…, y aquí es donde me he encontrado mejor. Soy de campo y Gredos me gusta, hay algún vecino que no tanto, pero en general bien.  Vine por encontrar un trabajo mejor pagado, al principio yo sólo pero, al poco tiempo, como me gustó, vino también la familia “, explica Florin Hordila, de 49 años, albañil y jardinero, natural de Osesti, Rumanía, que vive desde hace 14 en Navarredonda de Gredos, donde solo echa de menos a su padre y una administración de Lotería.

Lotería no pero un locutorio y una agencia de envíos es lo que echa en falta Dulce María Villar, cocinera de 50 años, que llegó por trabajo a Barajas hace 13 años desde Santo Domingo, República Dominicana. » Al principio nos miraban raro por ser negras, pero ahora estamos perfectamente integradas. Me considero igual a los de aquí, yo también soy de los que solo habla cuando quiero hablar,  asegura Selenia, como es conocida entre los vecinos de Gredos, a quien le encanta  coger níscalos y pasear por el pinar, pero lleva mal estar lejos de su familia y no acaba de acostumbrarse al frío y la nieve serrana.

 

Selenia, con su familia, vive en Barajas desde hace 13 años.

 

A quien la nieve no solo no le importa sino que le gusta mucho es a Teresa Dorn, natural de Wisconsin, Estados Unidos, una de las primeras gatas colonas que no ha parado de emprender en las más de dos décadas que lleva en Gredos, lo último el Spá Aguas de Gredos. www.aguasdegredos.com,

-No me gusta que “ya no nieva como antes” (soy colono del gran nevazo del 96!), no entiendo algunas rencillas tontas entre vecinos ni la desmotivación de los jóvenes-, explica Teresa que cree que hacen falta proyectos que creen empleo estable y atraigan talento para parar la despoblación.

 

Teresa Dorn dejó Madrid hace casi 30 años y ha emprendido varios negocios en Gredos.

 

Teresa valora  vivir en un pueblo porque -disfrutas de las cosas pequeñas, puedes vivir en comunidad, llevas la vida a otro ritmo y evitas el estrés de la ciudad. Pero, a veces, hay días (pocos) que me van sus luces, su “marcha”, su oferta cultural. (todavía me es fácil simplemente ir y visitar cuando quiero)-.

 

Daniel Pérez cocinando en su restaurante El Yantar de Gredos, en San Martín del Pimpollar.

 

También de vez en cuando se escapan a Madrid a “resetear”  Daniel Pérez, de 46 años  y  su pareja Cristina,  que viven en San Martín del Pimpollar desde  hace 13 años, donde regentan El Yantar de Gredos, www.elyantardegredos.es  .

“Con un día en la ciudad me basta hasta el mes siguiente, creo que es una sana costumbre, te “reseteas” como el Pc, y funciona”, explica Daniel que se siente perfectamente integrado en Gredos donde valora sobre todo la tranquilidad y cree que hay mucha nobleza aunque falta algo de inversión, industria y actividades.

 

Daniel y Cristina buscaban vivir en el campo para dedicarse al turismo y en Gredos todo encajó.

 

Más que actividades, lo que echa de menos en Gredos Eva Sánchez Tomé, de 35 años, es con quién hacerlas. – En pueblos tan pequeños es difícil encontrar gente con la que compartir aficiones. Si no eres muy “de bares” es más difícil crear redes sociales en estos pueblos- asegura esta profesora de Secundaria, natural de Plasencia, que vive en Hoyos del Espino desde hace 5 años:  “Yo echo de menos alternativas a los bares para el ocio, pero entiendo que en pueblos tan pequeños nadie va a invertir en montar otro tipo de negocios que nunca serían rentables”.

 

Eva Sánchez Tomé y Raúl Lora son pareja y viven en Hoyos del Espino.

Bares de los típicos quizás haya suficientes pero son varios los gatos colonos que echan de menos una cafetería tranquila con chimenea, o un bar de copas con buena música.

“ Vendría muy bien un bar de copas, como el Istalache de Navarredonda en su momento: buena música, una mesa de billar, chimenea y sillones cómodos·”, añora Guillermo Alonso que además cree que falta ante todo «buena velocidad de internet que facilitaría que mucha gente se viniera a vivir aquí con teletrabajo».

 

Guillermo Alonso cogestiona el parque de aventura Pinos Cimeros.

 

Negocios faltan un montón para Carlos San José Minguela, de 52 años, conocido como Carlitos: “Enumero: un Mercadona, un Decatlón, un Carrefour, una pista de hielo, una estación de esquí… bromea Carlos, un gato colono natural de Valladolid, que regenta el kiosco de Sanchivieco en Hoyos del Espino, donde vive desde hace “ventitantos” años.

 

A falta de foto de gato propio Carlitos me ha enviado esta fotografía  del humorista Felix el gato. Genio y figura, Carlitos.

Bromas aparte  sí cree necesaria mayor planificación turística: “Lo que peor llevo es el gentío que llega en días puntuales y ya se sabe… viene de todo. Convendría controlar el acceso a las zonas típicamente turísticas, como la Plataforma de Gredos y las zonas de baño estivales.”, asegura Carlitos que, respecto al futuro de Gredos vaticina: “Eso en 20 años te lo digo. De momento no me muevo, pero soy culo inquieto” .

 Y tener que moverse de Gredos, por necesidad a medio o largo plazo, es lo que se temen la mayoría de los gatos colonos consultados. Los hay pesimistas como Carlos Díaz que cree que la zona quedará reducida a un Benidorm de montaña.

 

Carlos Díaz no descarta marcharse a otra zona más despoblada y tranquila.

 

Esto ha cambiado mucho desde que vine y ya empieza a saturarme, el ritmo del verano, de los fines de semana, me aburre, estoy buscando algo más tranquilo, asegura Carlos, de 59 años que lleva más de 20 en viviendo en San Martín de la Vega y no descarta marcharse a Teruel o a una zona más despoblada.

Y el despoblamiento de la zona es lo que más ha notado María Isabel García, de 59 años, natural de Villafranca de los Barros, Badajoz.

Maru regenta la farmacia de Navarredonda desde hace casi 20 años.

 

 “He visto en estos 19 años como se van quedando los pueblos vacíos y me apena porque me siento uno más. Mi idea siempre había sido volverme a mi tierra cuando me jubilara, pero últimamente ya no lo tengo tan claro, lo más probable es que esté a caballo entre Gredos y Badajoz, que pase aquí temporadas, asegura Maru, como es conocida en Navarredonda de Gredos, donde regenta la farmacia.

Tampoco es muy optimista respecto al futuro Francisco Sánchez Rico, jubilado de 72 años, que critica la falta de iniciativa por parte de las instituciones para luchar contra el despoblamiento. Paco, empresario e impulsor del reconocimiento de Gredos como destino Starlight o zona especial para la observación del cielo, augura que Gredos acabará siendo un pequeño parque temático, sin o con pocos habitantes permanentes, entre los que se incluye porque este gato colono sí se ve aquí para siempre.

 

Francisco Sánchez quiere quedarse en Gredos.

Su mujer, Teresa Dorn, de 67 años, también se ve en Gredos para largo aunque “dependerá de si puedo vivir dignamente aquí cuando sea anciana porque ahora las residencias son almacenes de viejos y no me gusta nada», asegura Teresa para quien:

– Hace falta planificación a medio/largo plazo y no políticos de fiestas y de vivir al día con pedir subvenciones. Faltan verdaderos empresarios y emprendedores, nos estamos quedando sin gente, sin talento y si nos descuidamos, sin espacios naturales e incluso sin economías tradicionales. En los años que llevo en Hoyos han mejorado mucho las carreteras, la telefonía, … pero hay que mejorar sistemas de agua, la banda ancha, el transporte, etc,- explica Teresa.

 

Teresa y Paco han sido de los colonos más emprendedores en los casi 30 años que llevan en Gredos.

 

¿FUTURO SOBRE RUEDAS?

Y precisamente la mejora en la cobertura y el acceso a Internet, la falta de vivienda de alquiler y la mejora del transporte son algunas de las principales demandas de los colonos sobre todo de los que no disponen de coche propio y tienen que moverse en transporte público, que es escaso y limitado.

Creo que las principales poblaciones mantendrán su número de habitantes o se incrementarán mínimamente de manera proporcional al desarrollo de las infraestructuras y del turismo. Es urgente contar con un transporte público de calidad, servicio de taxi todoterreno, más accesos a la sierra, refugios sin guarda pero bien acondicionados...”, explica Raúl  Lora, Guía de Alta Montaña y maestro de Educación Física, que vive en Hoyos del Espino desde hace una década.

 

Carolina Cañivano cree que faltan áreas de negocio que podrían funcionar en Gredos.

 

Optimistas respecto al futuro se muestran Carolina y Jaime, los penúltimos colonos en llegar. -Creo que hay muchas áreas de negocio que faltan y que podrían funcionar y atraerían a más gente a Gredos– asegura Carolina Cañivano, de 24 años, veterinaria de Madrid que, junto a su pareja Jaime Blanco, se instalaron hace casi un año en Barajas y han abierto en Navarredonda la Clínica veterinaria Almanzor. www.veterinaria-almanzor.com.

“Estoy casi convencido de que la zona va a ir a más, creo que va a cambiar mucho el perfil del habitante de Gredos. El exceso de población en las ciudades y el encarecimiento de la vida obligará a las personas a buscar zonas nuevas, como Gredos.  Las nuevas tecnologías, cada vez menos vinculadas a las ciudades,  permitirán el desarrolo de nuevas posibilidades de negocio y muy diferentes, enfocadas al turismo en general pero sin olvidarse de las necesidades de los vecinos, y es ahí donde pienso que la zona de Gredos tiene un gran potencial, vaticina Jaime Blanco, veterinario de 28 años.

 

Jaime cree que la zona irá a más y que va a cambiar el perfil del habitante de los pueblos.

 

Por su parte Guy Tamborero cree que cree que hay una barrera para colaborar entre los locales, para sacar iniciativas adelante, algo clave para el futuro “La ganadería tiene los días contados, la PAC se acabará y haría falta más  educación para los jóvenes, para promover medios de vida alternativos y ampliar la conciencia mediaoambiental para que se preserve el entorno”.

En este aspecto abunda Guillermo Alonso que critica que los políticos se empeñan de forma ciega en seguir un modelo de ganadería ya desfasado y están dejando pasar una oportunidad de oro para reformar el sector turístico.

 

Miriam ha puesto en marcha la empresa Astroturismo en Gredos que oferta observaciones astronómicas.

 

Para la abulense Miriam Gil, de 39 años, licenciada en Ciencias Ambientales, -Estos pueblos tienen una oportunidad, una oportunidad que está en nuestras manos, el movimiento contra la despoblación o la #repoblación, tiene que servir para poner los pueblos en positivo, aunque tengamos que seguir luchando por las carencias, hay que desmarcarse de la imagen del pueblo que tratan de seguir vendiendo desde determinados programas de televisión“, asegura Miriam que tiene intención de quedarse a vivir en Gredos, donde ya lleva 14 años.

 Si todo sale según lo previsto, ese es también el plan de Roberto, el hijo de 14 años de Cristina López Collado, unos “gatos a ratos” (que tienen casa en Hoyos del Espino desde hace años y vienen a menudo). “Mi hijo lo tiene claro: quiere ser “ganadero de vacas y quedarse a vivir en Gredos” , dice Cristina.

Roberto quiere ser ganadero y vivir en Hoyos del Espino.

Y mientras crece Roberto, no está de más tener en cuenta las conclusiones a las que llegaron en Gredos el grupo de trabajo de Repueblo: https://repueblo.es/1edicion/. Concluyeron que hay algunas oportunidades de negocio que podrían emprenderse con éxito en Gredos: explotación de plantas autóctonas como el piorno, energía votovoltáica, industrias de aprovechamiento y diseño de lana merina, procesado de la carne de raza avileña, aprovechamiento forestal, generación de biomasa, lombricultura, cultivos de frutos rojos, recuperación de la pesca, lonja micológica.

 

El futuro de Gredos está en atraer jóvenes y familias a sus pueblos.

Además, las “mentes pensantes” de Repueblo vaticinan que pueden tener futuro: -la creación de espacios de innovación colaborativa, el coworking, las estancias prolongadas de equipos corporativos de alto rendimiento, las instalaciones para deportistas de élite, la creación de clusters orientados a la ingeniería geriátrica y la investigación energética o forestal.-

¡Qué, ¿te animas a ser un nuevo gato colono?, ¿te vienes a vivir a Gredos?.!

 

 Eva Veneros. Casa del Altozano.

  (Uno de los 4 gatos que quedan en Gredos)

 

Mi gato Nano, DEP.

 

Nota de la autora: Para entender mejor a los gatos colonos varias recomendaciones: Una película: Flores de otro mundo, de Iciar Bollaín; Una serie: Doctor en Alaska, todo un clásico; y dos novelas:  Al sur de Granada, de Gerald Brenan y Los aires díficiles, de Almudena Grandes. Para finalizar sólo unos fragmentos de ésta ultima:

…. Juan se advirtió que tendría que imitarlos si no quería hacerse famoso como “el madrileño recién llegado que va hecho un brazo de mar”.

…“A pesar de que no recordaba haber tomado una decisión tan satisfactoria como la compra de aquella casa, aún no sabía cómo se vive en otoño al borde del océano, en un pueblo donde los taxis no llevan contador y se puede ir andando a todas partes…”.

Casa rural en Gredos

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1 Comment

  1. Merche dice:

    Gran artículo Eva, como siempre.

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