¿Por quién doblan las campanas..de «Collao» ?.

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El sonido de las campanas de la iglesia enfrenta al alcalde de Hoyos del Collado con dos vecinos, procedentes de Madrid, instalados hace unos años en este pueblo de Gredos Norte de tan solo 34 habitantes y 63 años de media de edad.

Ambos esperan desde hace meses una medición oficial que determine si el sonido excede los límites permitidos según la Ley del ruido de Castilla y León.

 

“Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra… la muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad, por eso nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti».» (Devociones» de John Donne).

Esto dijo John Donne, en 1623. Reflexionaba el poeta sobre la idea de que el hombre es un ser colectivo, hecho de todos los hombres, cuando uno desaparece, con él desaparece un poco del resto.

Si finalmente María José y Miguel dejan de vivir en Hoyos del Collado, con ellos se irán parte de cada uno de los 34 habitantes que quedan en este pueblo de Gredos Norte, uno de los más castigados por la despoblación que  ha pasado de 209 habitantes en 1936 a 34 en 2018 y en el que la media de edad es de 63 años.

La cita de John Donne aparece en las primeras páginas de ¿Por quién doblan las campanas?, novela de Ernest Hemingway publicada en 1940, y ambientada en la Guerra Civil española.

A guerra civil no ha llegado, pero una “batalla” sí se libra desde que hace 8 meses se modificó la frecuencia y la intensidad con que repican las campanas de la iglesia del pueblo. Ahora suenan 13 veces al día, los domingos 14, para dar la hora de 9 de la mañana a 21 horas  frente a lo que sonaba antes, una vez, los domingos para llamar a misa.

En un bando está el alcalde, por el Partido Popular (PP), Elio Hernández, (60 años), que sostiene que el sonido de las campanas no excede los límites de ruido y que ha solicitado las mediciones pertinentes que lo confirmen. Asegura además que “a menos que haya una sentencia que le obligue no lo cambiará “ pues cuenta con el respaldo de concejales y vecinos  y “esas dos personas ni siquiera están empadronados como para que exijan que cambiemos nuestros valores”.

En el  otro bando María José Caravaca, (48 años) y Miguel P (49), procedentes de Madrid e instalados en el pueblo desde Julio de 2017. Ambos aseguran que la intensidad y frecuencia del sonido dificulta su trabajo y les ocasiona graves molestias personales. Argumentan que cuando se instalaron la campana no sonaba así o nunca se habrían quedado y cambiado completamente de vida. De hecho, se han marchado temporalmente por la situación, pero se resisten a dejar definitivamente el pueblo y no descartan emprender acciones legales contra la iglesia y el ayuntamiento si  no se resuelve el problema. “Nos encontramos en una situación psicológicamente muy dura en la que no podemos continuar aguantando este ruido y rigor horario que te marcan unas campanas que antes no sonaban así”.

En medio de ambos bandos está la treintena de vecinos, que no oyen (la campana) o no contestan, por miedo a enemistarse con unos y con otros.  Como Luis, el cura, que lamenta los problemas causados pero asegura que hará lo que diga el alcalde.

La polémica se zanjará cuando llegue una medición oficial del sonido que determine si excede los límites permitidos, según la Ley del ruido de Castilla y León; medición que ha sido solicitada por el Ayuntamiento a la Diputación de Ávila, debido a su falta de medios, y que “no sabemos cuando llegará,  pueden pasar meses”, asegura el alcalde .

Pero María José y Miguel no parecen dispuestos a esperar de brazos cruzados. Ya han pasado los tres meses a finales de marzo, y  estamos valorando por dónde tirar. Solo nos quedan tres caminos: Uno, aguantarnos; dos, demandar al Ayuntamiento por vía administrativa para que haga la medición que determine si realmente se supera el nivel de ruido (manifiestamente si) y obligue a la iglesia a que deje de emitir ese ruido;  Y tres demandar a la iglesia directamente en vía civil. asegura María José Caravaca.

Todo empezó el 14 de septiembre, el día de la fiesta del pueblo. Durante la misa, Luis, el sacerdote pidió permiso para instalar un mecanismo y automatizar el sonido de las campanas de la iglesia ya que al ser éste mayor había riesgo de caídas por el hielo que se acumula al estar el campanario en una zona sombría. Hasta ahí todos de acuerdo. Incluso el Ayuntamiento se comprometió a colaborar económicamente en la instalación del sistema.

El problema fue que las campanas no solo se programaron para llamar a misa los domingos, como hasta entonces, sino que  desde el día 15 de septiembre suenan cada hora de 9 am a 21 pm.   Además, se automatizó la llamada a misa los domingos a las 10:15, y se automatizó una melodía para el ángelus todos los días a las 12:00 del medio día.

Los domingos es un auténtico infierno. Tocan a las 09:00, a las 10:00, a las 10:15 (3 minutos) para llamar a misa, a las 11:00, a las 12:00, a las 12:01 (1 minuto) para el ¡¡¡¡¡angelus!!!!, y de ahí cada hora hasta las 21. Conclusión: pasamos de oír las campanas de la iglesia los domingos a las 10:15 un momento para llamar a misa, a oirlas 7 días a la semana, 13 veces al día, y los domingos 14 veces. Un total de aproximadamente 5 minutos de campanas”, explica María José Caravaca.

Ella y su pareja, Miguel, hablaron el día 15 con el cura que les dijo que lo había autorizado el alcalde “nos dijo que le había autorizado el alcalde, y que si él le decía que las quitara,  lo haría. Si no, no”. Fueron a hablar con el alcalde quien lo confirma “nos dice que se ha autorizado en un pleno (no hay nada recogido), que además van a ayudar económicamente (el Ayuntamiento no tiene dinero) y que además esas campanas se quedan, y sólo si lo dice una sentencia las quita”.

A partir de ahí se tuercen las cosas. Los 2 vecinos, asesorados jurídicamente, presentan un escrito en vía administrativa ante el Ayuntamiento solicitando que se aplique la ley del ruido de Castilla y Leon realizando una medición del ruido que hacen las campanas y si realmente lo supera, que se apaguen.

La verdad es que en este tiempo el alcalde llama a la empresa que lo instaló y le pide que haga una medición. No sabemos qué salió de ella, pero lo cierto es que no lo ha compartido con nosotros. Ya han pasado los tres meses a finales de marzo”, explica María José. 

A los tres meses que terminaba el plazo administrativo el ayuntamiento presenta un escrito que vuelve a iniciar el recuento de tres meses, ya que no ha tenido tiempo de realizar la medición.

No teníamos medios para hacer la medición así que pregunté al técnico que había instalado el mecanismo y me aseguró que no excede los niveles permitidos, además se lo consulté a otro técnico a título personal y me aseguró lo mismo” explica Elio Hernández, el alcalde, que dice contar con el apoyo de los vecinos.

La media de edad  de los 34 vecinos que actualmente tiene el pueblo es de 63 años, calculada a partir de datos del Padrón Municipal de Habitantes a 1 de enero de 2018, según un informe elaborado por la Universidad Católica de Ávila con datos del Instituto Nacional de Estadística. (INE).

Se da la circunstancia de que en el pueblo aunque somos muy pocos convivimos personas de religión católica,  judía, musulmanes, agnósticos, ateos… Además, hay gente en el pueblo que no entiende a qué viene este “ruido”, el por qué del gasto, y el poco respeto hacia vecinos que vivimos allí todo el año a diferencia del cura (que no vive allí) y de los 6 parroquianos que van a misa y que por su avanzada edad muchos están  bastante sordos”, asegura  María José.

Su casa está a 50 metros de la iglesia y desde allí trabaja  como consultora de Recursos Humanos, Hago entrevistas a candidatos, vía Skype, y tengo que grabar las entrevistas, lo cual es difícil con la intensidad y frecuencia con que suenan las campanas”. A Miguel P. le ocurre lo mismo ya que trabaja como autónomo desde casa y a menudo tiene “reuniones” por teléfono y tiene que silenciarle por el ruido. Pero además, los fines de semana, nos gusta dormir y no someternos a un horario, ya que entre semana nos despertamos sobre las 8. Pero las campanas nos “obligan” a despertarnos a las 9 de la mañana, explican ambos.

La primera vez que vinieron a Gredos fue en 1994. María José y Miguel se alojaron en el Parador. Les gustó tanto la zona por “Su cultura, su nobleza, su gente, su comida, sus paisajes, su olor puro, su silencio, sus días de lunes a viernes..” que en 2008 compraron un terreno en Hoyos del Collado y  “construimos una casa, que era nuestra mayor ilusión y que nos hacía salir corriendo de Madrid los viernes y volver a regañadientes los domingos incluso lunes por la mañana directamente al trabajo”

Tanto les costaba salir de Gredos que en 2017 decidieron dar un cambio radical en su vida y se instalaron en Hoyos del Collado.

Queríamos mejorar en calidad de vida y hacernos un futuro aquí. Inicialmente no conocíamos a la gente, salvo de vista de ir todos los fines de semana y fiestas desde hacía varios años. Pero al final nos hemos integrado con los vecinos, hemos hecho embutidos, hemos ayudado en todo lo posible, participamos en actividades de la zona y hemos hecho muy muy buenos amigos…” explica María  José.

La situación actual hace que se planteen seguir aquí y que duden de la supervivencia del pueblo. “El pueblo se está muriendo tal y como lo está gestionando el actual alcalde y acabará por vaciarse. De hecho a nosotros la situación nos está haciendo replantearnos nuestro futuro aquí ya sólo tenemos dos vías: demandar con el coste que supone y el tiempo hasta que salga sentencia, o irnos y vender o alquilar la casa. Y lo peor es que si nos vamos, es después de haber arriesgado todo en Madrid por vivir aquí dejando los dos el trabajo. ¿Es así como se integra a la gente de fuera?,  se pregunta María José Caravaca.

Y “de fuera”  parece que les considera Elio Hernández, el alcalde quien se queja de que “Sólo viven a temporadas, ni siquiera están empadronados, nunca han figurado aquí más que con su propiedad. Por supuesto empadronarse es una opción libre, nadie está obligado a hacerlo, pero deberían pensar que los recursos y los servicios que nos dan a los ayuntamientos dependen del número de habitantes censados.”

A esta afirmación María José responde que “Es cierto que de momento no lo estamos, por circunstancias de salud mías, pero no es menos que pagamos los impuestos aquí, hicimos nuestra casa con arquitecto y constructor local, compramos la comida, gastamos dinero, traemos amigos continuamente para que lo conozcan… estamos perfectamente integrados con la mayoría de los vecinos a quien conozco por su nombre…sin embargo el alcalde llegó a decirnos que nunca seríamos de aquí por mucho que viviéramos aquí 20 años”.

Para Elio Hernández el haber nacido y vivido siempre aquí “sufriendo las inclemencias y la falta de recursos” da ciertos derechos sobre los advenedizos. “Cuando alguien llega a un sitio tiene que integrarse y no pretender que cambiemos nosotros, hay que integrarse mutuamente. De hecho no he tenido problemas con ningún otro vecino, incluso algunos de Madrid, por el asunto de la campana y hay algunos que viven incluso más cerca de la iglesia que ellos,” explica el alcalde, para quien la despoblación es importante pero paliarla no justifica todo.

«Las circunstancias han ido alejando a las gentes de los pueblos, nada puedo hacer para que se queden ni para que se vayan.  Necesitamos gente pero no a cualquier precio, no al menos a costa del sacrificio de los que han estado aquí siempre. Los valores no podemos sacrificarlos para integrar a nadie» asegura Elio Hernández, que dice estar a la espera de que la Diputación de Ávila envíe los medios para hacer la medición:

“ Estas personas quieren imponer su opinión a la mayoría de los vecinos y a menos que me obligue la ley no voy a permitirlo. No ha habido ninguna queja más por la campana,  pero si hubiera un interés de los vecinos por cambiar estaría dispuesto a hacerlo. Si hay un informe desfavorable habrá que subsanarlo, si se pide que se reduzca el volumen se hará”, explica el alcalde.

Y por acabar como empecé volveré con  ¿Por quién doblan las campanas?. El protagonista de esta novela, Robert Jordan, un americano que lucha en España en las Brigadas Internacionales, opina que para ser fanático hay que estar absolutamente seguro de tener la razón. Pero la razón absoluta no existe y mucho menos en una guerra civil…
Eva Veneros Hernández.

 

Notas de la autora:

1. La convivencia nunca fue fácil pero siempre hay esperanza de arreglar las cosas. Para muestra vale un botón, éste:

2. Al márgen de la polémica de la campana, el pueblo, la iglesia y su original cristo sedente bien merecen una visita.

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