Gredos en los tiempos del Coronavirus

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 Como  en la novela de García Márquez, El amor en los tiempos del Cólera, en  estos tiempos del Coronavirus los sentimientos afloran, no en vano estamos en la estación florida. La enfermedad y el riesgo, el miedo o la inquietud ante ella cambia nuestra forma de sentir y apreciar lo que somos y tenemos.  Por eso quiero compartir con vosotros como siento la cuarentena en un pequeño pueblo de Gredos, más vacío que nunca en esta extraña primavera.

 

vaca en gredos

La vaca del corral de al lado también se queda en casa, dando ejemplo.

 

En la España vaciada se saben los nombres y apellidos de los muertos. Aquí no están contagiadas o en cuarentena por el virus 30 personas, aquí sabemos que ha sido Menganito o Fulanita… Aquí, todos nos conocemos, para lo bueno y para lo malo. Detrás de cada nombre, de cada cifra, hay una historia que casi todos nos sabemos.

 

luna rosa gredos

Vista desde mi ventana el pasado 7 de abril. La «luna rosa», que no es rosa pero sí hermosa.

 

En los pueblos de Gredos Norte, como en tantos otros, no nos falta el aire, ni nos entra claustrofobia por quedarnos en casa. Nos basta salir al corral o mirar por la ventana, para ver la sierra, el pinar, las cigüeñas, el cielo oscuro… para disfrutar, aunque sea con mascarilla, de la naturaleza que, lejos de lamentar la cuarentena parece celebrarla y burlarse con su belleza de nuestro encierro.

 

amanecer gredos

Gredos amanece helado. Uno de tantos días de cuarentena desde mi ventana. La vista ayuda.

 

La primavera, lleva casi un mes entre nosotros. Imagino que florecen tímidamente los primeros piornos,   Campanarios y Chiviritas salpican los prados, que ya verdean; la nieve comienza a derretirse en las cimas de Gredos, alimentando las gargantas del Tormes que, más libres que nunca, se desahogan  del deshielo por las solitarias lanchas.

 

jardín casa del altozano

Los animales, como Jerónimo, parecen disfrutar de nuestra ausencia.

 

También magino que no están lejos los Cerrojillos, las Collalbas, los Roqueros Rojos …y hasta algún Pechiazul debe volar ya por las cumbres de Gredos. Imagino, porque no puedo verlo; pero tengo por cierto que ya han vuelto un año más las golondrinas (me alegro más que nunca de que aniden en las casas) y también puedo ver por mi jardín a las cigüeñas que campan a sus anchas, sorprendidas de que nada las espante al vuelo.

 

 

Aquí no suenan cacerolas, en nuestras calles, suenan cencerros. Es una tierra con muchos ganaderos y, ruidosos y agitados, con mayor o menor acierto, los campanillos de las vacas rompen con su tañer la triste modorra del confinamiento.  Algunas tardes, cuando por fortuna tienen tiempo, los del puesto fijo de ambulancias de Barajas, hacen sonar la sirena que, lejos de inquietar nos trae la calma al recordarnos que nuestros heróes rurales, que aquí no son anónimos, también están ahí para protegernos.

vista desde casa del altozano en gredos

En este largo mes de cuarentena también la nieve vino a vernos.

A las 8 de la tarde, en los prados y corrales los animales se alborotan, nerviosos con el barullo del dichoso Resistiré, repetido cada día, en un pregón eterno que nadie parece escuchar. Pocos cantamos. Pocos porque somos pocos. Cuatro gatos. Pocos cantamos, porque hay muchos mayores que ni siquiera lo oyen porque están sordos.  Por cierto, hoy en Gredos estamos contentos:  han hecho test en la residencia de ancianos y dicen que no hay contagiados entre nuestros viejos.

 

 

Los días de nieve, de sol y de lluvia se alternan caprichosos en este mes de cuarentena  bailando monótonos entre la esperanza y la angustia por un final aún incierto. Se hacen largos. Idénticos. Muy largos.  Eternos. Las semanas se confunden y las vecinas, a prudente distancia, cada semana nos despedimos:” Hasta el próximo jueves”, que volverá  Miguel, el frutero.

 

vista desde casa del altozano en gredos

Las cigueñas andan» Como Pedro por su casa» estos días de cuarentena.

Y así vamos pasando noches, que es cuando más emergen los temores. Y vamos pasando días. Unos «esmoñigan» (esboñigan o abonan los prados con excrementos de vaca) y otros “fuñigan” (fumigan para desinfectar los espacios públicos durante la cuarentena). Unas cuantas cosen mascarillas solidarias, otros pocos cuidan a los enfermos, vigilan carreteras, gestionan el papeleo o los «cuatro duros» de los que estamos parados a la fuerza y, los de siempre atienden los comercios que aún, siguen abiertos.

 

Ángel, al pie del cañon, en su tienda de Hoyos del Espino.

Ángel, al pie del cañon, en su tienda de Hoyos del Espino.

Unos, o más bien unas, añoran la misa y el doblar de campanas de las iglesias. Otros, muchos, echamos de menos los bares, el tintineo de los vasos en sus barras,  los pinchos de Alfonso,  de Mariano o de Roberto… Unos se paralizan, otros matamos el tiempo y un poeta rural, escondido a la sombra de Gredos, se pregunta con sorna: ¿a quién reclamo la lluvia en mi calva?

 

camión de fumigar en gredos por coronavirus

Al fondo un camión y dos operarios que vinieron a Barajas a «Fuñigar».

 

Ajena a los telediarios y a las cifras de muertos, la primavera, tras el frío invierno, se abre paso, poco a poco, en Gredos pero, como un regalo que no puedes abrir, solo contemplar, la vemos pasar de largo desde la ventana. Afortunados nos sentimos por ello. Muchos de nuestros amigos, familiares, clientes, visitantes, todos esos que también aman Gredos, no pueden venir a ver el piorno en flor, ni alojarse en nuestras casas y hoteles, ni comer en nuestros restaurantes, ni comprar chuletones y torrijas en nuestras tiendas, ni pasear a caballo por nuestros cerros. Ellos, están también atrapados, viendo pasar la vida por su ventana urbana, quizás pensando en Gredos… A ellos, a todos ellos, a los que nos cuidan, a los que vinieron, a los que vendrán, a los que están sin estar, a los que no resistieron…esto, va por todos ellos…

 

flor casa del altozano en gredos

Flores de mi jardín en esta extraña primavera en la que está hasta el tiempo está un poco loco.

 

Casita de pájaros. Quedaté en casa. Casa del altozano. Gredos.

No salgas del nido. Quedaté en casa.

 

Todas las fotografías y vídeos de este artículo las he hecho desde mi casa durante el confinamiento por el Coronavirus. Excepto la de Ángel, aquí también comemos.

Nota de la autora: Hemos tenido, como veis en las fotos, días grises, blancos y azules. En uno de los grises, cuando el ánimo tocaba fondo, nos llegó por las redes la voz mágica y profunda de alguien que tiene la mitad de su corazón en Gredos, el actor Ramón Langa. Nos dijo: » la vida… ¡qué hermosa!, a pesar de todo…».

 

 

Eva Veneros Hernández.

Casa del Altozano

Casa rural en Gredos

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4 Comments

  1. Lucho dice:

    Te felicito por la redacción y el paseo imaginario que regalas por el pueblo en este confinamiento… leyendo a Isabel en Largo pétalo de mar…me has sustraído gustosamente…un saludo..y gracias por compartir…

  2. evaveneros dice:

    Gracias Lucho, si mis palabras sirven estos días para que la gente de paseos, aunque sean imaginarios, me doy por satisfecha. Un saludo

  3. mercedes rodriguez morcuende dice:

    Mi querida Eva:
    Hace ya varios años que tengo el corazón «repartio» entre el Gredos que veo desde mi ventana (desde el Sur) y el Gredos que piso casi a diario.
    Cuando te he leído y he visto tus fotos , he sido consciente de que, casi sin darme, he echado raíces aquí y ya me siento un poco más serrana.
    Un abrazo.

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